miércoles, 29 de julio de 2009

Según el reloj de pulsera, sólo habían pasado diez minutos desde su anterior visita. En cambio, ella sabía que dos, o hasta tres vidas habían conseguido escapársele. Observaba con tanta devoción el segundero que parecía que, en su profundo interior, deseaba terriblemente que avanzara más rápido, cuando, en realidad, ella odiaba el correr del tiempo.
Se escuchó un pequeño click y la puerta frente a ella se abrió. Con pasos cautelosos, un hombre consiguió abrirse paso por entre su ansiedad y se sentó frente a una mujer que llevaba ahí más de mil vidas esperándolo. Él era ese tipo de personas que daban la impresión de estar a punto de romperse en cualquier momento.
Con la mirada llena de pena, de su boca logró salir una voz que contradecía completamente su imagen externa:
-Odio profundamente la rutina.
-Lamento haber llegado tarde.

1 comentario:

Nicolas Hunverto dijo...

a veces te odio porque me dejo manejar por lo que escribis, a veces me encanta porque me dejas soñar; pero de alguna forma u otra, me re copa entrar aca y leerrrr!!!

you have a gift!!