Los porqué de mis acciones aparecen en lo que escribo incluso antes de darme cuenta de que un nuevo peso apareció en mi espalda. Soy de darle vueltas siempre al mismo tema, justificando todo lo que sucede con esa razón. Pero, ¿qué pasa cuando estoy intentando modificar algo que no es la causa del problema? ¿Y si me equivoqué y elegí el incorrecto? Yo les contesto: no logro avanzar. Me estanco y me presiono para convencerme de que si al fin y al cabo no encuentro solución, no es culpa mía o es culpa de aquello que no está a mi alcance. Pero hoy me di cuenta de algo.
Solía conocerme lo suficiente como para estar orgullosa de saber quién soy. Solía creer que no había nada más escondido bajo mi cabeza. Ahora sé que me mantuve ciega y sorda todo este tiempo. Sé que ignoré lo que me decían y se que evité entender lo que no entendía. En algún momento de mi vida, un día me dije esto:
"Y miras como tus manos actúan bajo un poder ajeno -¿Cuál es la verdad y cuál
la mentira?- Decides mirar por la ventana y dejar que la lluvia te enseñe y te cure, -¿Cómo es que lo sé y lo entiendo, y cuando quiero llevarlo a la práctica creo algo diferente?- Agarras tu cabeza como si eso funcionara para hacer callar las voces que te recuerdan enojadas lo hipócrita que eres. Eres como aquella vez que prometiste no volver a caer en tus propias trampas. Sin embargo, fuiste lo suficientemente inteligente como para volver a engañarte a ti mismo."
Se me ocurrieron miles de explicaciones, muchos caminos y pocas ideas acertadas. No pude, no se me pasó por la cabeza la idea de que eso que me estaba gritando, tan claro y tan preciso, era lo que, dentro de unos meses, se encargaría de atormentarme la existencia: Soy paranoica.
Lo único bueno (a mi criterio) que pude rescatar de wikipedia fue esto: "Metafóricamente piensa que algo que le agrada en realidad le ocasionará daño." Así que abandoné mi intento de explicarlo desde una mirada un poquito más objetiva y decidí interpretar el panorama desde mi punto de vista.
Solía llamarlas "las voces", "ella", "impulsos". Solía pensar que eran producto de mi personalidad.
Hay días en los que no logro dormirme porque mantengo mi atención en reconstruir pedazos de mi día o mi vida intentando recordar aquellos detalles que pasaron desapercibidos o lo defraudada que me sentí en un punto específico. Me gusta conservar todas esas sensaciones y volverlas a vivir una y otra vez, lastimándome y convenciéndome de que esa es la mejor manera de no exteriorizar el quilombo que se presenta en mi cabeza: posponiendo reacciones.
También tengo la costumbre de esperar siempre lo peor del otro. Tiendo a rebajarme, a creerme la razón de todas las desgracias y a sentirme expuesta constantemente. A veces siento que no tengo privacidad. Y soy extremadamente desconfiada. No pasan horas que ya aparece en mi cabeza una nueva idea de cómo es que aquella persona en la que creo confiar podría defraudarme. Aparecen historias que creo irreales hasta que, inconscientemente, comienzo a buscar razones para confirmar mi prejuicio y así convencerme de que el mundo está en mi contra. Supuestamente, nadie ve lo que yo veo.
Y así es como voy confirmando mis temores y me destruyo lentamente el autoestima. Mi vida es intentar demostrarme que lo que pienso es erróneo para terminar convenciéndome de que mis fundamentos no son absurdos. Soy una contradicción, ¡cuántas veces me lo habré dicho!
Lo que más me sorprendió fue el hecho de saber lo que el término paranoia significa pero ser tremendamente inconsciente al no haber sabido aplicármelo a mi misma. Es más, hundida en mi orgullo, a veces afirmaba ser paranoica y mentir diciendo que lo tenía siempre presente. Pero se acabó, ahora me toca decidir a mí.
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