martes, 28 de julio de 2009

this truth drive me into madness

No necesitaba que le dijeran lo que debía sentir, estaba dispuesta a abandonar las ilusiones que se había creado.
Retiró los anteojos de su cara para ponerlos lo más lejos posible de sus lágrimas. Prefería evadir la realidad a enfrentarse a ella, era cobarde. Su cuerpo desecho por el poco cuidado intentaba sobrevivir día a día, esforzándose más de lo que debía por parar el latir de su corazón.
Cuán enfermo puede sentirse uno al no tener un minuto de paz en su interior. Sentimientos opuestos, voces contradictorias y una falta enorme de energía conseguían desgastar su perseverancia poco a poco. ¿Qué camino debía tomar?
¿Cómo pudo haber ocurrido? Un poco de distracción, un segundo de indecisión y su mundo se había dado vuelta. De un momento a otro se había encontrado a sí misma afirmando estar dispuesta a dejar que alguien, además de ella, se hiciera cargo de su felicidad. Iba a permitirse depositar lo más íntimo que tenía en unas manos externas. Nunca había dejado degradarse de ese modo, ¿quién era la que elaboraba las respuestas ahora?
Consiguió meterse en un terreno sin razones. No había explicación alguna para que algo tan fuerte la arrastrara hasta la inestabilidad. Nunca había creído en la suerte, no era de arriesgarse a perderlo todo. No se sentía la misma desde ese maldito momento en el que decidió probar algo nuevo. Aquel tiempo en el que no se dejaba escuchar se le antojaba muy lejano.
Abrazándose con fuerza, quiso escudarse, una vez más, y así no salir lastimada. ¿Dónde estaba su protección? La había abandonado cuando decidió dar un paso a la luz.
Se había arrepentido de su decisión, pero no había vuelta atrás. Se dejó al descubierto, secó sus lágrimas y abandonó el dolor que le causaba la incertidumbre. Volvió a ponerse los lentes y, mirando con claridad, se preguntó si podría haber algo bueno para ella ahí afuera.
Seguramente lo había. Y estaba a solo un paso de averiguarlo.

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