Supongamos un río, con peces de colores. Supongamos un cielo, con pájaros sorteando las nubes. Supongamos un puente roto. Supongamos miedo, una corriente fuerte, llevándose todo.
Y si yo no tengo alas, no me queda otra que nadar.
viernes, 31 de diciembre de 2010
no, I don't have a gun
En la cara te sonríe, media vuelta y te pega, y la nuca lo recibe, los oídos esperan.
¿Cómo es?, ¿cómo es? Que ya todo está al revés.
Hoy prefiero tu espalda y tu silencio, que tus rasguños con gusto a caricia.
¿Cómo es?, ¿cómo es? Que ya todo está al revés.
Hoy prefiero tu espalda y tu silencio, que tus rasguños con gusto a caricia.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
acepto los términos y condiciones
Las normas son claras: dos golpes, una sonrisa. Y si así son las reglas, ¿quién se va a revelar? Cada reclamo es un golpe más y así sube la tarifa.
Tres golpes, una sonrisa. Cada risa es un golpe más, cada llanto es un golpe más. Casa silencio es un golpe más y así sube la tarifa.
Cuatro golpes, una sonrisa. Si será tan enfermo aceptar la injusticia como lo es causarla. ¿Quién se anima a recordar? ¿Quién osa compararse? Cada grito es un golpe más y así sube la tarifa.
Ya son 5 golpes para mí y se ahorra la sonrisa. Se la guarda en el bolsillo.
No, I don't have a gun.
Tres golpes, una sonrisa. Cada risa es un golpe más, cada llanto es un golpe más. Casa silencio es un golpe más y así sube la tarifa.
Cuatro golpes, una sonrisa. Si será tan enfermo aceptar la injusticia como lo es causarla. ¿Quién se anima a recordar? ¿Quién osa compararse? Cada grito es un golpe más y así sube la tarifa.
Ya son 5 golpes para mí y se ahorra la sonrisa. Se la guarda en el bolsillo.
No, I don't have a gun.
domingo, 26 de diciembre de 2010
esa e la atitu.
Tengo un nuevo objetivo: ser lo más sincera posible. Por lo menos es lo que me estuve proponiendo este último tiempo. Y ya que estamos con esto de la sinceridad, voy a aclarar lo siguiente: estoy hace 25 minutos viendo cómo empezar mi balance del año y no tengo idea cómo. Será porque yo antes, en serio, me creía que escribía bien y ponía bocha de adjetivos y me hacía la bohemia. Qué se yo.
Este año terminaba el colegio. Claramente creía que iba a ser todo pura joda, y así fue como empecé encarando el año. Dejé de leer y empecé a ver más televisión. Era como que mi vida tenía tan poca profundidad que me tuvieron que bajar del aire de un hondazo.
Aprovecho este nuevo párrafo para aclarar que no pienso gastarme mucho en que quede cronológicamente ordenado.
Allá por Marzo comencé el oratorio, que fue, básicamente, mi agarre a la realidad durante el año. Mi primera responsabilidad en muchísimo tiempo. Mi única responsabilidad en muchísimo tiempo.
Empecé misión también, aunque al principio me aburría bastante y estuve a punto de abandonar. Qué bueno que no abandoné, nunca me lo hubiese perdonado. El viaje a Formosa, del que volví hace dos semanas apróximadamente, fue lo mejor que me pasó en la vida. Y nada de frases cliché, en serio fue lo que más me movió el piso en toda mi vacía y fácil vida.
Estos dos hechos fueron los únicos que no hicieron que me desmoronara durante el año.
Dejé mi psicologa y empecé con un psicoanalista. El chabón durante el año se encargó de dejarme en claro que era una persona totalmente egoísta, caprichosa, consentida y egocéntrica; y que tenía que cambiar eso lo más pronto posible porque en un futuro sin el apoyo del colegio claramente me iba a dar la cara contra el piso. Y me iba a doler bastante. Así que estuve muchos (muchos) meses intentando hacer entrar en mi cabeza que tenía que cambiar en serio, y hasta que me puse en marcha, digamos que hice de mi año algo totalmente futil.
Mi egoísmo llegó lejos. Hice muchas estupideces, dije muchas incoherencias. Pero a la vez no me arrepiento, es más, prefiero recordar cómo es que me comportaba en un pasado tan cercano, para no perder la orientación otra vez. En base a lo que fui, puedo ser lo que soy ahora.
No estoy diciendo que en este momento de mi vida no sea egoísta o caprichosa, digo que estoy intentando sacarme esas costumbres de encima. Ojalá me esté saliendo.
Cambié de onda, me hacía la hippie, siendo la mina con menos paz interior del planeta.
Me decidí a estudiar trabajo social, y me jacto de decir que lo elegí con el corazón.
Aprendí a reirme de mi misma. El otro día encontré textos que escribía en octavo, cuando andaba depresiva, y me daba gracia. Me hacía bien reirme de aquello que algún día me hizo tan mal. Hace bien a la espalda hacer menos pesada la carga del pasado. Menos trágico, más real. Se convierte en un recuerdo llevable y no una roca personal.
También me rio de mis errores. En vez de excusarme, intento reirme, hacerlo gracioso. Hacerme quedar mal y ridiculizarme. Aceptar mis defectos no como algo malo, algo que quiero esquivar, si no como algo normal. (Frase de libro de autoayuda: "todos tenemos defectos").
lo seguiré en un futuro, cuando tenga menos sueño.
Este año terminaba el colegio. Claramente creía que iba a ser todo pura joda, y así fue como empecé encarando el año. Dejé de leer y empecé a ver más televisión. Era como que mi vida tenía tan poca profundidad que me tuvieron que bajar del aire de un hondazo.
Aprovecho este nuevo párrafo para aclarar que no pienso gastarme mucho en que quede cronológicamente ordenado.
Allá por Marzo comencé el oratorio, que fue, básicamente, mi agarre a la realidad durante el año. Mi primera responsabilidad en muchísimo tiempo. Mi única responsabilidad en muchísimo tiempo.
Empecé misión también, aunque al principio me aburría bastante y estuve a punto de abandonar. Qué bueno que no abandoné, nunca me lo hubiese perdonado. El viaje a Formosa, del que volví hace dos semanas apróximadamente, fue lo mejor que me pasó en la vida. Y nada de frases cliché, en serio fue lo que más me movió el piso en toda mi vacía y fácil vida.
Estos dos hechos fueron los únicos que no hicieron que me desmoronara durante el año.
Dejé mi psicologa y empecé con un psicoanalista. El chabón durante el año se encargó de dejarme en claro que era una persona totalmente egoísta, caprichosa, consentida y egocéntrica; y que tenía que cambiar eso lo más pronto posible porque en un futuro sin el apoyo del colegio claramente me iba a dar la cara contra el piso. Y me iba a doler bastante. Así que estuve muchos (muchos) meses intentando hacer entrar en mi cabeza que tenía que cambiar en serio, y hasta que me puse en marcha, digamos que hice de mi año algo totalmente futil.
Mi egoísmo llegó lejos. Hice muchas estupideces, dije muchas incoherencias. Pero a la vez no me arrepiento, es más, prefiero recordar cómo es que me comportaba en un pasado tan cercano, para no perder la orientación otra vez. En base a lo que fui, puedo ser lo que soy ahora.
No estoy diciendo que en este momento de mi vida no sea egoísta o caprichosa, digo que estoy intentando sacarme esas costumbres de encima. Ojalá me esté saliendo.
Cambié de onda, me hacía la hippie, siendo la mina con menos paz interior del planeta.
Me decidí a estudiar trabajo social, y me jacto de decir que lo elegí con el corazón.
Aprendí a reirme de mi misma. El otro día encontré textos que escribía en octavo, cuando andaba depresiva, y me daba gracia. Me hacía bien reirme de aquello que algún día me hizo tan mal. Hace bien a la espalda hacer menos pesada la carga del pasado. Menos trágico, más real. Se convierte en un recuerdo llevable y no una roca personal.
También me rio de mis errores. En vez de excusarme, intento reirme, hacerlo gracioso. Hacerme quedar mal y ridiculizarme. Aceptar mis defectos no como algo malo, algo que quiero esquivar, si no como algo normal. (Frase de libro de autoayuda: "todos tenemos defectos").
lo seguiré en un futuro, cuando tenga menos sueño.
viernes, 24 de diciembre de 2010
the story never changes, just the names and faces.
me creía Borges.
me creía especial, diferente.
me creía paz y amor.
me creía sincera.
me creía el centro.
me creía única.
me creía loca.
y nunca respetaba a los demás.
¿qué soy?
una copia.
me creía especial, diferente.
me creía paz y amor.
me creía sincera.
me creía el centro.
me creía única.
me creía loca.
y nunca respetaba a los demás.
¿qué soy?
una copia.
jueves, 23 de diciembre de 2010
same song, different chorus.
romper el vidrio y las rejas y salir volando por la ventana, volar y nunca más volver.
lunes, 13 de diciembre de 2010
falta de coherencia
Creo que no estoy acostumbrada a la calma. Es como que de repente donde siempre hubo desorden ahora hay paz. Mi mente es un cuarto en blanco, sin sonido, sin gritos. En armonía.
No sé si es que no estoy acostumbrada, o nunca lo había buscado del todo.
En realidad, no es que haya paz, porque si no no podría pensar, si no que tengo las cosas un poco más claras.
No, no más claras, la confusión está buena. Si no que ya no me desespero ante el mínimo asomo de desorden.
Como que en mi desorden ya me encuentro.
Pero el desorden ya me molesta. Si no, no respetaría el orden de los demás.
Por lo menos ordenada externamente e internamente irme ordenando de a poco, manteniendo el desorden, pero el bueno, el sano. No el enfermo.
(no quiero estudiar)
No sé si es que no estoy acostumbrada, o nunca lo había buscado del todo.
En realidad, no es que haya paz, porque si no no podría pensar, si no que tengo las cosas un poco más claras.
No, no más claras, la confusión está buena. Si no que ya no me desespero ante el mínimo asomo de desorden.
Como que en mi desorden ya me encuentro.
Pero el desorden ya me molesta. Si no, no respetaría el orden de los demás.
Por lo menos ordenada externamente e internamente irme ordenando de a poco, manteniendo el desorden, pero el bueno, el sano. No el enfermo.
(no quiero estudiar)
ciudadanos de papel
- ¡No! ¡Yo no tengo nada que ver!
- ¡¿Y entonces por qué corría?!
- ¡No sé! ¡Porque todo el mundo lo hacía!
- ¡¿Y entonces por qué corría?!
- ¡No sé! ¡Porque todo el mundo lo hacía!
domingo, 12 de diciembre de 2010
cause I came here with a load and it feels so much lighter since I met you.
No quiero estudiar.
En serio no quiero.
No sé si será porque no quiero (y en serio no quiero) meter en mi cabeza cosas que no me gustan, que me bloquean, como lo es, por ejemplo, gestión (no, en serio no quiero).
O puede ser que esté con la cabeza totalmente en otra cosa.
En vos.
En serio no quiero.
No sé si será porque no quiero (y en serio no quiero) meter en mi cabeza cosas que no me gustan, que me bloquean, como lo es, por ejemplo, gestión (no, en serio no quiero).
O puede ser que esté con la cabeza totalmente en otra cosa.
En vos.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
soy pelota de ping pong.
Poco a poco iré olvidando sus sonrisas, sus dientecitos, o los que faltan, los de leche, los que están creciendo o están por nacer. Poco a poco iré borrando sus abrazos, despegándome de sus brazos, soltándome de su cariño. Poco a poco iré confundiéndome sus nombres, mezclando sus caras y reemplazando recuerdos con inventos, a falta de memoria.
No hay nada que me aterrorice más que esto pase, que deje de soñar con ustedes, que deje de cerrar los ojos y ver sus caritas, tan hermosas, tan chiquitas. Siguen resonando en mis oídos sus cantos, sus voces. Me sonrio cada vez que recuerdo cómo me robaban la vincha, o me saltaban encima, o corrían a saludarme, o me pedían que los alzara o que les hiciese caballito, o que los abrazara fuerte y les diera vueltas, sintiéndose volar.
Jugaron y corrieron deparramando esa alegría inmensa y voluntad de vivir que uno tiene cuando aún es un niño. Un niño, nada más. Sin ánimos de maldad, esperando para dar, y dar.
Son fuertes, son hermosos y valen muchísimo. Y como les dije a todos y a cada uno cuando los despedí: que sean muy, muy felices, que no dejen de sonreir, ya que su alegría emana luz, energía.
Son pura vida.
No hay nada que me aterrorice más que esto pase, que deje de soñar con ustedes, que deje de cerrar los ojos y ver sus caritas, tan hermosas, tan chiquitas. Siguen resonando en mis oídos sus cantos, sus voces. Me sonrio cada vez que recuerdo cómo me robaban la vincha, o me saltaban encima, o corrían a saludarme, o me pedían que los alzara o que les hiciese caballito, o que los abrazara fuerte y les diera vueltas, sintiéndose volar.
Jugaron y corrieron deparramando esa alegría inmensa y voluntad de vivir que uno tiene cuando aún es un niño. Un niño, nada más. Sin ánimos de maldad, esperando para dar, y dar.
Son fuertes, son hermosos y valen muchísimo. Y como les dije a todos y a cada uno cuando los despedí: que sean muy, muy felices, que no dejen de sonreir, ya que su alegría emana luz, energía.
Son pura vida.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)