miércoles, 8 de diciembre de 2010

soy pelota de ping pong.

Poco a poco iré olvidando sus sonrisas, sus dientecitos, o los que faltan, los de leche, los que están creciendo o están por nacer. Poco a poco iré borrando sus abrazos, despegándome de sus brazos, soltándome de su cariño. Poco a poco iré confundiéndome sus nombres, mezclando sus caras y reemplazando recuerdos con inventos, a falta de memoria.
No hay nada que me aterrorice más que esto pase, que deje de soñar con ustedes, que deje de cerrar los ojos y ver sus caritas, tan hermosas, tan chiquitas. Siguen resonando en mis oídos sus cantos, sus voces. Me sonrio cada vez que recuerdo cómo me robaban la vincha, o me saltaban encima, o corrían a saludarme, o me pedían que los alzara o que les hiciese caballito, o que los abrazara fuerte y les diera vueltas, sintiéndose volar.
Jugaron y corrieron deparramando esa alegría inmensa y voluntad de vivir que uno tiene cuando aún es un niño. Un niño, nada más. Sin ánimos de maldad, esperando para dar, y dar.
Son fuertes, son hermosos y valen muchísimo. Y como les dije a todos y a cada uno cuando los despedí: que sean muy, muy felices, que no dejen de sonreir, ya que su alegría emana luz, energía.
Son pura vida.

No hay comentarios: