Tengo un nuevo objetivo: ser lo más sincera posible. Por lo menos es lo que me estuve proponiendo este último tiempo. Y ya que estamos con esto de la sinceridad, voy a aclarar lo siguiente: estoy hace 25 minutos viendo cómo empezar mi balance del año y no tengo idea cómo. Será porque yo antes, en serio, me creía que escribía bien y ponía bocha de adjetivos y me hacía la bohemia. Qué se yo.
Este año terminaba el colegio. Claramente creía que iba a ser todo pura joda, y así fue como empecé encarando el año. Dejé de leer y empecé a ver más televisión. Era como que mi vida tenía tan poca profundidad que me tuvieron que bajar del aire de un hondazo.
Aprovecho este nuevo párrafo para aclarar que no pienso gastarme mucho en que quede cronológicamente ordenado.
Allá por Marzo comencé el oratorio, que fue, básicamente, mi agarre a la realidad durante el año. Mi primera responsabilidad en muchísimo tiempo. Mi única responsabilidad en muchísimo tiempo.
Empecé misión también, aunque al principio me aburría bastante y estuve a punto de abandonar. Qué bueno que no abandoné, nunca me lo hubiese perdonado. El viaje a Formosa, del que volví hace dos semanas apróximadamente, fue lo mejor que me pasó en la vida. Y nada de frases cliché, en serio fue lo que más me movió el piso en toda mi vacía y fácil vida.
Estos dos hechos fueron los únicos que no hicieron que me desmoronara durante el año.
Dejé mi psicologa y empecé con un psicoanalista. El chabón durante el año se encargó de dejarme en claro que era una persona totalmente egoísta, caprichosa, consentida y egocéntrica; y que tenía que cambiar eso lo más pronto posible porque en un futuro sin el apoyo del colegio claramente me iba a dar la cara contra el piso. Y me iba a doler bastante. Así que estuve muchos (muchos) meses intentando hacer entrar en mi cabeza que tenía que cambiar en serio, y hasta que me puse en marcha, digamos que hice de mi año algo totalmente futil.
Mi egoísmo llegó lejos. Hice muchas estupideces, dije muchas incoherencias. Pero a la vez no me arrepiento, es más, prefiero recordar cómo es que me comportaba en un pasado tan cercano, para no perder la orientación otra vez. En base a lo que fui, puedo ser lo que soy ahora.
No estoy diciendo que en este momento de mi vida no sea egoísta o caprichosa, digo que estoy intentando sacarme esas costumbres de encima. Ojalá me esté saliendo.
Cambié de onda, me hacía la hippie, siendo la mina con menos paz interior del planeta.
Me decidí a estudiar trabajo social, y me jacto de decir que lo elegí con el corazón.
Aprendí a reirme de mi misma. El otro día encontré textos que escribía en octavo, cuando andaba depresiva, y me daba gracia. Me hacía bien reirme de aquello que algún día me hizo tan mal. Hace bien a la espalda hacer menos pesada la carga del pasado. Menos trágico, más real. Se convierte en un recuerdo llevable y no una roca personal.
También me rio de mis errores. En vez de excusarme, intento reirme, hacerlo gracioso. Hacerme quedar mal y ridiculizarme. Aceptar mis defectos no como algo malo, algo que quiero esquivar, si no como algo normal. (Frase de libro de autoayuda: "todos tenemos defectos").
lo seguiré en un futuro, cuando tenga menos sueño.
1 comentario:
Escribís bien.
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