lunes, 20 de junio de 2011
miércoles, 15 de junio de 2011
domingo, 12 de junio de 2011
no es así.
Últimamente todo me perturba mucho. Siempre fui de molestarme fácil, pero éstas semanas me causa bronca casi todo lo que ocurre alrededor de mí. Muchas actitudes de las personas en la calle, en el tren, en el bondi, en mi casa, en el barrio, en la UBA me sacan de quicio. No me banco ni mi hipocresía, cuando hago aquello que me irrita cuando lo veo en los demás.
No soporto la gente, la presencia de seres humanos cerca de mí. Y ya no es algo que me parezca gracioso contar, en serio saco la conclusión de que hay gente que debería cerrar la boca y no volver a abrirla nunca más, o dejar de creerse altísimos cuando miden, a mi parecer, 1 cm de alto.
Idiotas, creídos, soberbios y egoístas.
Creo que estoy trasladando la bronca que me tengo a mi misma hacia el mundo exterior. Me irrito muchas veces. No me gusta que me importe la ropa, ni las opiniones ajenas acerca de mí. Me molesta saber que nunca doy el 100% de mí sólo por egoísmo, por capricho, de creer que haciendo el mínimo esfuerzo siempre voy a conseguir todo. No me gusta pensar que la gente está pensando en mí, o que va a hacer algo por mí cuando en realidad no tiene por qué hacerlo. No me gusta ser tan ignorante tanto en el campo político como en muchos otros aspectos en los cuales me gustaría destacar. No me gusta haber dejado de pintar, de escribir y de tocar la guitarra. No me gusta ser tan vaga, no ordenar mi cuarto, no leer, estudiar lo mínimo y esperar lo máximo de mí. No me gusta llevar todo al límite, ser maleducada, y pedir siempre lo mejor. No me gusta tratar mal a todos, ser tan sensible, y guardarme lo que me hace mal sólo porque ya no quiero que me vean débil. No me gusta depender tanto de la gente a mi alrededor. No me gusta no tener trabajo, y no buscarlo tampoco. No me gusta gastar guita en mi. No me gusta basurear a mi familia, a la gente que no conozco, porque no me siento nadie como para ir por la vida rebajando a los demás. No me gusta reírme de la desgracia ajena, no me gusta nada. No me gusta haber pensado que escribía bien, no me gusta haber sido o ser creída, no me gusta no estar segura de nada de lo que respecta a mi. No me gusta mi personalidad, y no creo que merezca nada. No me gusta mi aspecto físico, ni mi aspecto intelectual. No soy una persona de admirar, a pesar de que a veces invento que me esfuerzo hasta los huesos cuando yo se muy bien en mi interior que
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