No había manera de defender tu altanería, te escapaste de mis garras y sólo me quedo el recuerdo de tu falsa inocencia.
Como si pudiese arrancar un poco del valor que poseés, te empujé fuera de mi camino. Nunca quise hacerte merecedor de interrumpirme el paso.
Es que rogándole al cielo conseguí que aparecieras.
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