Lamentablemente, uno se obliga a acostumbrarse a olvidar la bondad y la humildad y aceptar que los buenos valores se resignaron a enterrarse en los recuerdos de quienes deciden abandonar la inocencia. Es que no hay nada más penoso que un niño al que le arrebataron la infancia y lo obligaron a convertirse en hombre aún teniendo once años. Arrancarle el corazón de un manotazo y condenarlo a soportar una joven madurez característica de aquel al que la muerte consiguió absorberle la vida. Mas quién podría imaginar que, aún teniendo excusas de sobra, existiría alguien que a conciencia eligió la lucha en lugar de la rendición. Y pudiendo robarle una lágrima hasta al más impasible, inmune a la influencia, decide callar y soportar en silencio.
Uno con poca experiencia se cree capaz de apaciguar algunos dolores. Uno se convence estúpidamente que atrapar las lágrimas consigue calmar el sufrimiento. Me castigo por haber sido tan ignorante y haber dejado que mi soberbia me haya hecho pensar que la vida de los demás se reconstruiría con un abrazo.
Daría lo que fuera por desvanecer la angustia que vive escondida en algún lugar de tu persona. Peco de egoísmo y admito que ponerme en tu lugar es algo que se me escapa de las manos. Y te admiro. Te admiro por callar y no exponer tu historia, por no recurrir a la lástima. Te admiro por ser un tipo de persona que es sumamente difícil de encontrar.
Y aunque en tu risa todavía se denote tu pasado, nada logra apagar tu bondad. No puedo vaciar la mochila que cargás en tu espalda. Si pudiese, te regalaría la vida que te negaron y te devolvería los años que se te escaparon. Y es que el hecho de sacarte una sonrisa me hace sentir que el mundo todavía tiene una oportunidad.
1 comentario:
jaja que pancha sos- me encanta este (:
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