Esto es una manera de evitar reprocharme el hecho de poseer una capacidad extraña que abarca ignorar completamente la existencia de algunas de mis actitudes. Es algo así como ser conciente de un problema, aceptar el desafío de cambiarlo pero solo ponerme en marcha cuando éste fue tan reprimido que alguien o algo termina estampándomelo en la cara. Y, ya que no me queda otra que luchar por algo que prometí, hago uso de mi costumbre de dejar plasmados mis pensamientos en textos lo suficientemente enredados como para admitir que son míos. A puño, letra y teclado de dos manos más o menos funcionales, ya que mi derecha a veces decide fallarme (y hacerme zafar de dos horas semanales de educación física).
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