sábado, 5 de septiembre de 2009

to be continued

Es dentro de aquel mueble en dónde se esconde mi credulidad. Al abrirlas, las desgastadas puertas hacen ruido, mucho ruido, como gritando y haciéndome recordar cuán negados tenía aquellos momentos.
Una realidad tangible, una lejana vida guardada en miles de álbumes de fotos se muestra ante mí. Y, arrodillada en el piso, consigo sacar el primer montón de recuerdos de la pila tan desordenadamente hecha.
Mis ojos logran encontrar el primer atisbo de mentira. ¿Dónde habían quedado aquellos jóvenes tan felices y sonrientes que la imagen que sostengo entre mis manos refleja? Y su pelo, sus cuerpos, sus narices y el mutuo cariño que, en aquel momento, aún seguía vigente. Y el primer fruto de su amor, quisiera afirmar, se encontraba justamente en el vientre de lo que sería una futura mamá.
Con mi atención enfocada en la próxima mentira, logran aparecer cabellos igualmente enmarañados, producto de la genética, sobre unas caras que, a mi parecer, reflejaban un presente que ignoraba el futuro que le esperaba.
Una tercera foto mostró las mismas facciones más una, regodeándose de ser parte de una familia tipo, hasta entonces.
Creo que ya tuve suficiente con el primer bloque de hipocresía.

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