sábado, 19 de septiembre de 2009

you don't really care for music, do you?

Esta es la historia de un reino prisionero.
Monarquía absoluta en un lugar reducido.
Poderes concentrados, atenciones desviadas.
Miradas perdidas en una pared blanca.
Uno de sus súbditos se levantó y se le puso en contra.
Qué amargo es el no entendimiento.
Las conexiones se cortaron.
Las mesas rotaron.
¿Quién estará cenando en mi plato ahora?
¿Acaso el piso parece muy sucio como para dormir?
Descansa, conciencia, descansa.
Tal vez mañana sea un nuevo día.
Tal vez la sangre se muera de un susto.
Tal vez la subordinación enferme al prisionero.
Tal vez la razón se mire con otros ojos.
¿Quién es dueño de la corona?
El poder no alcanza el equilibrio.
Su cuerpo es viejo y su mente joven.
Y su mente es vieja y su cuerpo joven.
Y su cuerpo es viejo y su mente también.
Y su mente es joven y su cuerpo también.
Una manada, madurez incipiente.
Es que 16 menos cinco significa tortura.
En este mundo de golpes en donde no existen las palabras.
En donde una sonrisa se convierte en un insulto.
En donde todos se ahogan en un vaso de agua.
En donde la muerte incentiva al egoísmo.
En donde el vocabulario consiste de pocos vocablos.
Por mi parte odio ser parte.
Parte de este pedazo de infierno.
La sed de canibalismo se aplaca por espanto.
Y un sueño se va destruyendo.
Pero hay algo que pude rescatar.
Algo que me mantiene viva.
Una razón que no me podrán arrancar.
Es que tu presencia, más tu ausencia, me enseño.
Tus acciones y actitudes mostraron una realidad.
Es que ahora tengo un objetivo en la vida.
Mucho más fuerte que el deseo de escapar.
Y lo que más anhelo es luchar.
E intentar como pueda.
No parecerme a lo que me crió.

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