A veces abren las puertas y la dejan salir. De vez en cuando huye y la vuelen a encerrar. Desgarrada tras las rejas, la bestia se mantiene escondida, acurrucada en las sombras.
Es como un animal exótico en un zoológico, en un circo. Pasa la gente y sin pensar siquiera en su bienestar, golpea los barrotes intentando despertarla, amaga a correr el cerrojo y cuando ven que esta se entusiasma, les da gracia y se rien. Se rien de su ilusión de libertad, de su esperanza de correr sin límite alguno, sin obstáculos, sin escudos, ni armas, ni redes, ni personas que le tengan miedo cuando intenta acercarse.
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