jueves, 9 de septiembre de 2010

behind the door

Creo que nunca voy a estar conforme con nada de lo que a mi vida respecta. Nada llena el vacío enorme que mi ambición produce. O ambición o capricho, de querer siempre más. Llevo todas las situaciones al límite, como si el mundo debiera demostrarme lealtad, como si este funcionara a premio y castigo.
Mis viejos el 90% del año se la pasan enojados conmigo. Hace dos días que no me hablan porque me falta desarmar una parte de la valija del viaje. Siempre les prometo cambiar y nunca lo cumplo, por falta de voluntad. Pierdo la iniciativa al ver que cada día me tienen menos fe. Ya dan por sentado que todo lo que hago, lo hago apropósito. Que las veces que los lastimo a ellos o a mi hermana fueron todas planeadas con anticipación. Que cuando llego tarde a algún lado es porque quiero atrasarles el día a ellos. Que cuando me lavo los dientes me muevo con brusquedad para que los ruidos no los dejen dormir. Que si me saco notas bajas es para que ellos no tengan vacaciones. Que si tardo mucho en bañarme, es para que ellos se queden sin agua. Que si me olvido de lavar los platos o de juntar la mesa, es porque quiero que ellos se gasten en ser mis sirvientes.
Resaltan y agigantan mis defectos, y me inventan otros. Nunca una sonrisa, o un apremio. Hacía años, literalmente, que no le daba un abrazo a mi vieja. A mi viejo nunca lo vi llorar. A mi vieja, las veces que la vi llorar, fueron todas por mi culpa. Mi viejo vive nervioso, fuma y bruxa. Mi vieja tiene problemas de presión, de corazón y de stress, y me los atribuye a mi.
No me exijan tanto, estoy aprendiendo. No hay maldad en mis actos erróneos, se los juro. Creanme por una vez en mi vida, confien en mi palabra, dejen de juzgarme porque no me conocen del todo. No entren en mi territorio, quiero mi espacio personal. No me tengan miedo, no vivo para lastimarlos. Ni a ustedes ni a mi hermana. Demuestrenme que puedo, que tengo la posibilidad de llegar más lejos.
Ustedes también me lastiman a mi.

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