A veces pienso y me pregunto si el cerrar los ojos y entregarse al sueño es una buena solución o un pequeño escape. Al fin y al cabo, no me interesa morir un poco más porque la vida ya la había perdido hace unas semanas. ¿Qué más me queda por entregar?
No, no me perdono una. Suelo castigarme constantemente, sin dejar pasar un error. Es como torturarse por ser humana.
¿Qué es lo que merezco?
Si supuestamente me mereciera la tranquilidad, ¿No debería tenerla ya hace bastante? Si de verdad lo necesitara, ¿No estaría a mi lado desde el momento en que abrí mi corazón? Es que no paro de salir lastimada de cualquier situación.
Estoy situada en una incredulidad permanente. Me mantiene perpleja mi gran ignorancia. No, no sé, no sé. No sé nada. No sé qué más intentar para estar bien. No sé qué es lo que quiero, qué es lo que me completa. No sé qué es lo que me hace falta.
¿Soy lo suficientemente persona?
Sí.
No.
En realidad, por la teoría y por respetar aquello que yo debería pensar, contestaría que sí. En cambio, si me guío por lo que siento y por lo que me acepto, sería un rotundo no.
En estos momentos no solo me siento poca persona, si no que no me siento valedera de nada. Me siento inferior, inútil, poco importante, poco relevante en la vida de los que quiero.
Es un gran círculo vicioso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario