miércoles, 28 de octubre de 2009

si del entorno o de ella misma. ¿Dónde se encontraba el verdadero atacante?

Sus manos quisieron tocar el vidrio. Dedo por dedo, yema por yema. Apoyándose tranquilamente, ansiosos por sentir un poco de frío luego de tanto fuego. Se animó a abrir un ojo. Tan profundos y tan oscuros, revelaban lo que dos seres ocultaban. Cada pestaña, cada hilo de sangre, cada imagen grabada durante 16 amaneceres.
Oculta entre la luz, se observó de frente. Aún con las manos en el vidrio, como queriendo tocar su propia conciencia, abrió el otro ojo. Cada curva, cada cicatriz, cada uno de los desperfectos disimulados vanamente, cada acción que la alejaba cada vez más de ser una persona.
Se saludó, y con sorpresa se percató de que su corazón se encontraba intacto. No, se negaba a creerlo. Separando las manos del vidrio, tiró de sus cabellos con fuerza. Otra vez la habían engañado.
¡Estúpida presencia, dame libertad! Sus manos, que ya no eran suyas, tiraron más fuerte. Parecían querer arrancar cada pensamiento, cada tortura, cada razón con la cual se alimentaba la paranoia.
Tomó control otra vez de su cuerpo. Volvió a mirar su reflejo, estaba cubierto de espinas. Al ver esta imagen desgarradora y teniendo en cuenta el origen de sus malestares, se preguntó, entonces, de quién era que quería protegerse,

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