domingo, 9 de agosto de 2009

no soy el ombligo del mundo

Abrir los brazos hacia la oscura inmensidad. Que ellas me laven, que ellas me curen. Miles de gotas de lluvia cayendo sobre mi rostro, entremezclándose con mis lágrimas. ¿Quién dijo que salir corriendo hacia ningún lugar haría que uno se perdiese?
Y puedo sentir cada adoquín bajo mis pies, y el agua, ¡el agua curándome las heridas! Y es que nunca en la vida me había encontrado así. Y es que tal vez nunca me había molestado en mirar a mi alrededor.
Pero la lluvia tal vez no pueda curar a aquellos que de verdad lo necesitan. ¿Saciará esta misma agua la sed de aquellos que no tienen ni siquiera voz para gritar?

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