domingo, 28 de junio de 2009

A veces me cuesta adaptarte a mí.

A veces siento que no te conozco. Te apoderás de mi tiempo, de mis lágrimas y de todas mis sonrisas. Hacés que continúe, que grite, que me rinda y que me levante. Hacés de mi vida un camino simple, sin complicaciones, sin las voces que me persiguen.
Pero en tu enorme y profundo silencio, siempre suele aparecer la duda, la maldita enemiga que a veces hace que me sienta vacía. A veces me faltás, a veces me sobrás. A veces te necesito y a veces siento que me estorbás. No me decido si quiero vivir con vos o con tu recuerdo, tal vez hayas cambiado, tal vez no tengo tiempo de verte de nuevo.
A veces siento que robás todo lo que es mío, sin permiso, sin aviso. A veces siento que no tenés nada de mí, no recibís y no llegás hasta donde una persona podría llegar. Como una serpiente te deslizás y te tomas todo con calma, ni la furia que te persigue hace que hagas mas veloz tu paso.
A veces siento que me perseguís, y a veces siento que me ignorás. A veces no se quién sos y a veces soy consciente de cada célula de tu ser. ¿Quién sos ahora? Cambiaste tu mirada, tus ojos, tus manos; cambiaste tus palabras y tus modos de pasar el tiempo. Si somos tan diferentes, ¿Por qué cada vez te parecés más a mi?

No hay comentarios: