lunes, 24 de mayo de 2010

Y voy a seguir corriendo hasta que lo alcance.

Soy el capitán de un barco en tormenta. Veo las olas mientras emergen intentando robar la estabilidad, meciendolo todo como si fuese un bebé que debe dormirse, un niño que debe dejar de llorar, o un adolescente buscando consuelo.
El timón, con consciencia propia, intenta escaparse. El agua me golpea y pierdo el equilibrio. La caída hace que me lastime las manos. Me encuentro sentada en resbaloso piso de madera, con la ropa empapada y el timón corriendo, alejándose de mí. Con un espantoso golpe de realidad, me doy cuenta que había perdido la ruta.
-¡No!-, grito, y salgo corriendo, entre la lluvia y el agua que me ataca, a buscar el timón.

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