Mientras la canción sonaba, me invadió el recuerdo de aquel dolor agudo que me impregnaba el corazón y la cabeza un tiempo atrás. Era una angustia que se sentía lejana, a modo de espantar la realidad, ella me invadía, yo no la buscaba. Pero tampoco me oponía ni desenterraba las agujas clavadas en mi piel.
Era una sensación extraña, también. Nunca lograba entender del todo porqué era que la visión se me había vuelto monocroma, y que mis movimientos y los del mundo eran, de repente, lentos y constantes. Vivía ignorando el gritar de mi corazón y las razones de mi mente.
Hace meses que no paro de escuchar mis voces. Debería eliminar el constante sonido, como el del disco rayado junto al volcán en actividad. Pero, luego de tanto esfuerzo, ya gozo de algunos momentos de silencio.
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