domingo, 23 de mayo de 2010
somebody take the pain away
Tus palabras pesadas cual roca, en tu conciencia egoísta e inmadura, salieron de tu boca a velocidad de bala y se incrustaron gravemente en mi ya débil corazón. Ahora sé el porqué de su sufrimiento. Ahora cargo con la propia muerte sobre la espalda. Ahora mis manos se marchitan y mi estómago se convulsiona entre espasmos de nerviosismo, incredulidad y un profundo dolor que ni en lágrimas logro traducir. Mientras tu piel rosaba mi condena, vos, ajeno y distante de lo moral, tu mente fría y narcisista se ocupaba de felicitarte por haber conseguido un poco de atención, y no de castigarte por haber destrozado una realidad.
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