jueves, 13 de mayo de 2010

Caminando por Diego Palma, una chica sonrió y continuó con tu trayecto.

Silencio. Y detengo mi andar, mis mil revoluciones por minuto, para escuchar atenta aquel sonido melodioso que, a veces, soy capaz de crear. Nada. Ni una voz.

No hay comentarios: