jueves, 24 de diciembre de 2009

en progreso -2009

El 2009 no fue un año fácil. El estar en economía me había hecho perder todo tipo de libertad creativa y la habilidad de sorprenderme. Era un ente basado en costumbres y rutinas. Más fácil, me estaba re cagando de aburrimiento. Es por eso que empecé el taller de pintura (el cual, sigo afirmando, fue una de las mejores cosas que me pasó en el año) y me propuse gastarme lo menos posible en las materias contables y en el colegio en sí. La única materia que disfruté fue Formación Religiosa, que de religiosa no tenía ni un poco. Gambuzza hizo que la mañana de los viernes me fuese productiva y no se me pasara tan lenta. Me terminé llevando la materia más "te-dejo-poco-para-pensar" que existe, o sea, Derecho. Sigo diciendo que me encantaría haber ido al H por las materias, pero me hubiera perdido de mucha gente que encontré estando en el E. Por lo menos rescato algo bueno de esa decisión de mierda.
Este año para mi tuvo once (o diez) meses. El 24 de Septiembre me dieron una noticia no muy linda, la cual no tuve tiempo ni de asumir porque a los dos días me fui al norte con el colegio. Rescato cosas buenas del viaje, pero sé que no lo supe aprovechar al máximo, al contrario de todos los que fueron conmigo. Es que tenía tantas cosas en la cabeza, tan poco tiempo para pensar, tanta angustia, tanta desesperación, que no me di lugar a distenderme y disfrutar de lo que tenía alrededor. A pesar de todo eso, hubo momentos en los cuales la pasé muy bien. Al volver del viaje recibí otro sartenazo en la cara, lo que me mantuvo en estado vegetativo durante un mes. Un mes entero sin reír, sin escribir, sin pintar, sin leer, sin hacer nada con ganas. No tenía nada por lo que vivir, me dolía el pecho desde que abría los ojos a la mañana hasta que me lograba dormir de noche. Me consumía en la computadora esperando respuestas, ¡todo el año en frente de la pantalla! Desperdicié muchísimo tiempo con mis obsesiones, con mis tristezas, con mis preguntas y mis pensamientos. No conseguía ninguna respuesta, y mi costumbre paranóica no ayudaba. En un momento no comía casi nada, nunca se lo dije a nadie. De lo único que me arrepiento de todo este año, fue de haber pasado tanto tiempo llorando en frente de la computadora. O simplemente, de haber pasado tanto tiempo llorando.
El día que me enteré que me llevaba derecho (en el cual también lloré), sentí, de repente, un alivio enorme, un peso fuera de mi espalda. Por alguna razón, comencé a sentirme mejor. Esto fue el 3 de Noviembre. Anteriormente había estado en planta, puteandome, odiandome y convenciéndome de que no merecía nada y que no tenía ningún valor. El onceavo mes del año fue como un período de transcición entre la amargura y la ira, empecé a perder mi paciencia con respecto a... todo.
Pero Diciembre me estaba esperando con sinceridad, alegría y determinación a hacer algo con mi vida, dejar de pintarme de verde y permanecer desamparada, sin ninguna respuesta por aferrarme a mis caprichos. A veces hay que dejar que las cosas fluyan, y de dejar ir lo que está fuera del alcance de la mano. Lo que yo quería no me concernía, pero sí mi bienestar, así que elegí abandonar esa rutina estúpida y dejar de permanecer en el suelo intentando conseguir lástima ajena (y propia).
Tengo la costumbre de recordar mejor y con mayor claridad aquellas cosas que lograron tocarme negativamente, pero voy a hacer el intento de explicar que el año no fue tan deprimente como yo me lo maquino. En Marzo del año pasado tuve uno de esos golpes emocionales que te dan vuelta la filosofía que venías teniendo como modelo de vida. En consecuencia, me encerré para protegerme. Ese escudo este año se fragmentó, ya que me di cuenta que la vida se me estaba escapando al evitar varias situaciones, y en base a eso comenzó todo este cambio brusco que acabó en mi crisis vegetal del mes de Octubre. Ahora estoy en calma después de toda esa tormenta, y a pesar de todo (y de cómo comencé este texto) fui y soy muy feliz. El hecho de haberme abierto a cualquier cosa, sin miedo, y haber aprendido que no se puede evitar el dolor, por mucho que me escape de él, fue lo más valioso que aprendí en el año. Y no solo lo internalicé, si no que también lo llevé a la práctica.
Este año me reí mucho. Nunca me había pasado de tener que estar acostada jugando al carrera de mentes porque si me levantaba sentía que se me partía el estómago por haberme reído tanto. Conocí a muchas personas que me hicieron bien, algunas otras que me hicieron un poco mal, pero personas que sé que valen la pena. La vida es muy corta para pasársela hechando raíces y arrepintiéndose de lo que uno nunca se animó a hacer.
Cambié mucho este año, psíquica, físicamente, y me alegra haberlo hecho. Conté con los amigos de siempre y algunos que se sumaron a mi vida. Bunny sos muy importante para mí. Bueno, y los demás también. Me empecé a llevar mejor con mi familia, y me animé a hacer cosas que nunca pensé me animaría a llevar a cabo.
El año me pegó fuerte, pero me pegó, a la larga, para bien. Y ahora, las cosas que me suceden las transformo en bienestar, así evito seguir maquinándome al pedo.
Ah, y fuí a ver a la Doncella de Hierro (groso que sos Bruce).
6/12/09 16:24

1 comentario:

Ufone dijo...

mi resumen del año ya aparecera y yo creo que esta mas completo del que pensaba hacer sobre el mio jajaja pero bueno...
espero que sigas mejor todavia que en diciiembre y que nos espere un 2010 un poco mas unidos ....
sabes que te quiero demasiado juliana
un beso
y aguante el 4/11/09 jajajaja