Le arrebataron el casco y las botas, le rompieron el uniforme, y debajo de todo eso sólo quedó una persona. Nada más que una persona. El mundo se volvió infinito, parpadeé y me di cuenta que sólo era una persona. Una persona nada más, como las demás. Se amplió mi campo de visión, me percaté de la existencia de otra gente, de otras caras, otros ojos, otras risas. Mientras tanto, el ex soldado había quedado al descubierto, repitiendo una y otra vez "¡siempre lo fui! ¡siempre fui una persona!". Acabó siendo una persona, nada más y nada menos que una persona, sin casco, sin uniforme, sin historia. Sin ser ningún héroe. Sin salvarme de ningún mal. Él era una persona, así como las demás.
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