Nunca me dediqué a hacer algo, ni fui responsable. Nunca estudié en serio, ni me tomé la molestia de prestar atención en clase. Nunca fui por el camino difícil. Y si quería llorar, lloraba. Y si quería gritar, gritaba. Y si quería putear, puteaba. Y si quería conseguir algo, lloraba, gritaba y puteaba hasta que mis viejos me lo daban. Nunca se me dijo que no, ni me faltó nada. Siempre tuve el triple de lo que quise, y a veces sin pedirlo siquiera. Siempre tuve mucho más de lo que necesitaba.
Nunca me esforcé ni trabaje por nada. Nunca me sacrifiqué por nadie, ni di mi mano sin esperar nada a cambio. Nunca le di espacio a nadie, ni respeté sus tiempos. Nunca dejé que el otro fuera un compañero y no una competencia.
No, viejos, ya no les hecho la culpa de haberme dado todo siempre, ni intento hacer que mi capricho y egoísmo les pese en los hombros. Tal vez, en primera instancia, haya sido todo este ambiente familiar el que me convirtió en una detestable spoiled, pero ahora la responsabilidad es mía y yo sola tengo que aprender a independizarme.
Qué difícil, la puta madre.
1 comentario:
Todo se puede...ademas es bueno que te hayas dado cuenta (si es que realmente es asi)
Besos ♥
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