Por mi parte me siento hundida. Siento como si la corriente estuviese constantemente arrastrándome hasta lo más profundo, sin posibilidad de salir a la superficie. No veo ninguna oportunidad a mi alcance. Todo me toca, todo me lastima.
Esta situación me hace acordar a aquella vez en la que mi vida se me estaba escapando casi literalmente en bronca y lágrimas. Fue hace cuatro años. Hace cuatro años que no me sentía tan triste. Es como si empezara a ser parte de lo cotidiano, de nuevo, aquella sensación de constante malestar e incomodidad, sospechas y angustia que no deben salir a la luz.
Estoy comenzando a creer que adquirí un matiz invisible. Estoy pidiendo ayuda a gritos y en vez de recibirla, solo consigo salir cada vez más dañada de todas las situaciones. Yo creía que aquellos que uno tiene más cerca consiguen apaciguar más los dolores, pero ultimamente mis mayores heridas las causan los que más acceso tienen a mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario