Últimamente no soporto tu presencia. Mañana, tarde y noche, todo el tiempo estás conmigo. Física y espiritualmente, nunca me abandonás.
Tengo que lidiar con tus caprichos. Ya no puedo decidir si debo escucharte o no: gritás casi afónico en mis oídos sin dejarle margen a la duda. A veces tengo miedo de que a la mañana, apenas comenzado el día colegial, al pasar lista, la voz que grite "presente", sea la tuya y no la mía. Alguna que otra vez te me has pasado desapercibido. Alguna que otra vez me has invadido de noche, en mis sueños, o de día, en mis delirios.
Estás desintegrando mi fuerza de voluntad, mis vívidas energías para seguir adelante con mis proyectos. No se nota tu cuerpo, no se entienden tus palabras. De alguna manera conseguís ser incomprensible para todos los oídos, a excepción de los míos.
¿Para qué hablar de tu persona? Nadie cree que de verdad existas. ¿Para qué contar tus historias y todo lo que día a día me vas arrancando? Nadie cree que de verdad existas. ¿Para qué fingir que no me manipulás? Nadie cree que de verdad existas. No, nadie lo cree. Nadie te da vida,
1 comentario:
No tengo ni idea de qué escribiste ni por qué; pero me es completamente aplicable. TODO
Publicar un comentario