Un día de algún mes de hace unos años le comentaron, al pasar, que de repente iba a tener que cambiar todos y cada uno de los aspectos de su ser. Le dieron un lapso de tiempo de toda la vida para intentar avanzar, pero no le decían el por qué.
Asustada y harta de todo aquello que tenía encima, comenzó a prestar atención a las opiniones de los demás. Y así fue como se propuso a dedicar su tiempo a complacer a la gente a su alrededor, mientras se transformaba todo el tiempo.
Constantemente reemplazaba lo nuevo por lo viejo, abandonaba con dolor todo aquello de su pasado e iba aprendiendo como hacer para ser una más de todas aquellas personas que circulaban a su alrededor. Poco a poco fue mutando en una mezcla extraña entre lo que siempre había querido ser y todo aquello que había odiado.
Alcanzó todas sus metas y así sus objetivos. Era feliz, había cumplido.
Pero un día que no supo recordar aunque quiso, se miró al espejo y vio un disfraz y no una persona. Vio una máscara y no una cara. Vio una lágrima y no una sonrisa. ¿Cómo podía estar orgullosa de eso?
Estaba vacía. Vacía y sin razón, por haber vivido por los demás y no por ella misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario