Siempre tuve la costumbre de intentar sobresalir en todo aquello para lo que creo que estoy capacitada. Aprendo por mi misma y voy avanzando en distintas disciplinas que yo considero necesarias para mi salud mental.
Ultimamente estuve dándome cuenta de que todo aquello de lo cual estaba orgullosa de saber fue perdiendo su valor. Algunos hechos ya no me parecen sorprendentes.
Una vez me puse a pensar si lo que yo hacía lo hacía por mí o por los demás. Cuando mejoro, ¿lo hago por el reconocimiento externo o por el orgullo de haberme superado? Cuando modifico las cosas, ¿lo hago por mi propio aburrimiento o para llamar la atención de los demás?
Mi vida es una tragedia, como la de todas las personas a mi alrededor. No me gusta que me minimicen mi condición, pero tampoco me gusta que le den demasiada importancia. Simplemente es mi pedacito de novela a la cual recurro cuando las excusas se me acaban.
¿Quién soy yo para considerarme inferior a alguien? ¿Por qué tengo que seguir las tendencias? Yo quiero mantenerme en el lado aburrido mientras escribo sobre lo que siento y lo que pasa por mi rebuscada cabeza. Si de repente la mayoría de la gente comenzó a preocuparse por la sociedad, no tengo porque ponerme a escribir sobre la autodestrucción masiva que me rodea.
Si hay algo de lo que estoy segura, es que a mi alrededor están emergiendo pequeños pensamientos que creen ser originales, solo porque empezaron a prestarle más atención a las letras de las canciones que escuchan que al ritmo que las acompañan. Parece que escuchar una banda que sabe sobre política te convierte automáticamente en un candidato perfecto para ser presidente de un país, o en comunista al leer miles de letras de canciones sobre lo malo que es el capitalismo. Todo el mundo tiene derecho a opinar, estoy de acuerdo, pero también todos tenemos derecho a ser escuchados.
Aquellos que opinan sobre temas complejos de los que solo debería poder hablar un licenciado son los mismos que se tapan los ojos cuando alguien intenta mostrarle un camino distinto al que están tomando. Gente que se aferra a ideas y conceptos mínimos solo para tener algo de que quejarse y, así, creer que tienen algo que decir. Usar palabras que suenan raras o que hagan parecer al que habla alguien culto, no te convierte ni en más inteligente ni en más sabio; simplemente muestra una falta enorme de interés por uno mismo y un gran afán de intentar ser el nuevo héroe que todos buscan.
Ser común está aterrando a todos. Cada vez escucho conversaciones más y más vacías sobre cosas que parecen interesar al otro solo porque parece que es algo en lo que se puede hablar sin comprometerse demasiado.
No quiero escuchar a más gente hablando sin decir nada.
Cada uno por uno mismo. ¿Sociedad decían? Cada vez estamos más separados, comunicarse no mata muchachos.
2 comentarios:
muuy bueno. coincido.
Como te banco.
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