No me quiero ir a dormir. No quiero cerrar los ojos porque eso significa que, mañana en la mañana, voy a despertarme y voy a estar en mi cuarto, entre este desorden y paredes rojas. Mañana cuando abra los ojos no voy a tener que procurar no hacer ruido para no interrumpir el sueño de las profesoras que dormían conmigo. No me voy a levantar para ir apenas consciente a prepararle el desayuno a los pibes.
No quería volver a Buenos Aires.
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