jueves, 14 de octubre de 2010

mi burbuja pincharé

No hay manera de prevenir la inminente caída aunque se me haya sido advertida una infinidad de veces. No hay palabras que me salven de este circulo vicioso al que estoy asida. Hay cordura, sí que existe, lo que se me había dicho no era más que una mentira. En su momento, sí creía, y me pensaba paralela, diferente, especial. Como si fuera noble tener un desvío mental. Como si la caridad me lloviera del cielo. Y ahora que la censura aparece, caigo al suelo, caigo y me levanto punzada del esfuerzo que se presenta por vez primera en mi vida material.
Hoy miro mi desorden y pienso en el espacio que podría ahorrar si todo estuviese en su debido lugar. Más rápido y más fácil de encontrar. Menos tiempo despercidiado en esquivar lo acumulado, con polvo y años dificultando mi pasar. Y no hablo de lo tangible nada más.
Y no me animo a hablar. No puedo mirar a los ojos de aquella persona que alguna vez tuvo otro rol en mi vida y sin embargo hoy existe, ahí, distante, fría, lejos de mí. Pensar que hace unos meses su sonrisa era bienvenida y sus palabras, suaves, sin filo alguno.
Voy a dedicar mi vida a hacer lo que nunca en 17 años me digné a llevar a cabo: pensar en los demás. Pensar en su espacio, en respetarlos, en escucharlos, en cederles lo mío cuando sea necesario. Y mi familia, a la cual siempre tuve bajo mis mandamientos, dejarla libre, dejarla respirar, dejarla tranquila. Dejar que vivan felices, para variar.
Perdón, hermana, por todas aquellas veces que te hice llorar. O aquellas otras en las cuales destruí tus sueños, o tus esperanzas, o te saqué la sonrisa de un manotazo. También aquellas veces en las que te aislé, te dejé sola cuando necesitaste de mi compañía, para crecer, para madurar junto conmigo. Para enseñarte a evitar los caminos en los cuales yo ya había caído. O cuando te hice sentir que no valías, que eras lo último en lo que cualquier persona se pondría a pensar. Y lo patético en acción es no haberte dicho nunca en la vida lo que influís en mi, lo importante que sos y el profundísimo amor que te tengo.
(no será que le deje algo a los demás).

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