miércoles, 28 de julio de 2010

la luz del sol me pega el triple por el aumento. maldita miopía.

Nunca me gustó esforzarme para poder conseguir lo que quiero, el capricho siempre rigió mi vida. Siempre quise que todo mágicamente se solucionara, a mi favor, o en mi contra. Lo que sea para llamar la atención.
Nunca fui una persona creible, siempre me contradecí entre lo que decía y lo que hacía. Es verdad que no puedo ocultar conscientemente una mentira, solo digamos que soy una hipócrita que no tiene idea de que lo es.
Necesito tranquilidad, pero me siento inútil buscándola por mis medios. No soy una persona de paz, vivo de nervios. A veces me pienso, para mis adentros, como un puercoespín, siempre con las armas y escudos listos para atacar y defender.
Hoy me puse a pensar en lo fácil que es la vida siendo religioso. Es como tener un respaldo, una seguridad en cada decisión diaria, un amigo confidente totalmente omnipresente, al que no hace falta ni cuidar, porque siempre en él se encuentra el perdón. Me parece un reverenda estupidez. Yo pienso que es más miedo de sentirse solo que cualquier otra cosa.
Recuerdo el día en que abrí los ojos y me prometí nunca más volver a rezar. Era esa época en la cual yo dudaba de mis creencias pero aún así seguía sin definirme del todo. Estaba en el patio del colegio, a la mañana, escuchando los buenos días sin prestar mucha atención, y había llegado la hora de rezar. Y sin haber estado conectada a la realidad, por puro impulso e inercia, por pura costumbre e imitación, levanté la mano para comenzar a hacer la señal de la cruz. No lo había pensado, mi mano había obrado sola. Me asusté, y me contemplé la mano un segundo. Y como cuando alguien ajusta una cámara de fotos, mi mano comenzó a verse borrosa y el contexto antes acuarelado cobró sentido y delante de mis ojos, de mis aterrorizados ojos, unas 900 personas iban moviéndose cual soldaditos de guerra, todos iguales, todos al mismo tiempo, y de repente se abrió paso un coro de casi mil voces repitiendo al unísono el pequeño verso a la supuesta madre virgen.
Nunca en mi vida me había puesto a pensar en la manera, la terrible manera en la que somos adiestrados cual animales. Me percaté de que eramos títeres de algo masivo y tenebroso, con amenazas de infierno y castigos, y con promesas de vitalidad eterna. Un remedio contra la muerte, y una manera de tenernos a todos detrás de la raya, obedientes. Nunca más recé, y en ese momento asenté las bases de mi profundo ateísmo.
Me gustaría no ser miope. Me gustaría muchísimo poder tener una buena visión. No me gusta despertarme o bañarme y ver manchas sin contorno, ni lineas. No me gusta para nada que se me empañen los anteojos o que se me lastimen los ojos por los lentes de contacto. Tengo que acordarme siempre de sacármelos luego de cada salida, o de no dormirme con ellos puestos. Tengo que estar constantemente pendiente del cuidado diario de ambos. Es una mínima estupidez que marcó una mínima dependencia en mi vida. Es eso, tal vez, lo que me moleste: el hecho de tener una responsabilidad la cual me concierne solo a mí. La única que se perjudica si no hago las cosas correctamente soy yo.
En realidad, me molesta tener defectos a nivel corporal. Me fastidia demasiado tener que viajar siempre al lado de una ventana, robando todo el oxígeno posible para no marearme y comenzar a sentir esa horrible presión en la cabeza. No me gusta no poder entrar en un ascensor, en un local de ropa, en una oficina, en un lugar sin ventilación o en cualquier medio de transporte, sin sentirme ahogada.
Me molesta no poder apoyarme fuerte en ninguna superficie con la mano derecha, o jugar a cualquier deporte y saber que a la hora, o dos, va a comenzar a dolerme la articulación. No me gusta tener que vivir a vendas y que me cambie la letra por ello.
¿Alguien puede darse cuenta de qué me estoy quejando? Estoy auto-contándome que no soporto ser miope, ni ser algo así como claustrofóbica, ni tener tendinitis. Esto es ser una persona mediocre. No hablo de lo que de verdad me pasa, el porqué de mi actual incomodidad y me pongo a escribir sobre cosas mínimas, superfluas, pequeñas, que yo, por ser así de caprichosa y egoísta, considero tragedias.
Todavía no puedo creer que le tenga miedo al pasto. Soy tan, tan consentida.
Después lo sigo.

4 comentarios:

chana dijo...

Me pasó lo mismo con el tema de la religión. Somos títeres u.u
Me llega cómo escribís. A veces no escribo tan correcto por miedo a aburrir... pero no sé, si después de todo vos lo hacés y no aburrís, por ahí me tengo que dar una chance.
Au revoir.

Ufone dijo...

jaja el comentario de juan...
che me gusto mucho
mas el cambio de la religion a tus fobias y tu bronca hacia cosas de tu salud. Igual note un punto de union...
una de las mejores entradas(a mi pensar) que lei en este ultimo tiempo...
bien cotidiana y no rebuscaste tanto metaforicamente... (auqnue a mi me encanta la metafora)

Anónimo dijo...

sos lo mas escribiendo

Abya Yala dijo...

Muchas gracias mister anónimo, espero que la próxima no lo siga siendo.