lunes, 21 de junio de 2010

Rosas y espinas

Ese rosal que creció junto conmigo en el patio de mi casa comenzó a hacer notar sus espinas. Tan hermosas sus flores como hirientes sus tallos, que un día tomé la pala y enterré la planta, dejando solo a la vista sus rosas. Tan bonitas quedaban junto con todo a su alrededor, encajaban perfectamente.
Siempre tan preciosas, siempre tan acorde al equilibrado ambiente que reinaba en el jardín. Resaltando lo suficiente, con su rojo carmesí lleno de pasión por la vida, absorviendo la luz e iluminando el verde de las plantas y sus flores de colores haciendo juego.
(seguir)

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