miércoles, 2 de junio de 2010

la única.

El otro día estaba con los ojos cerrados, sintiendo el latir de mi corazón y escuchando atentamente mi consciente respirar, cuando de repente se me vino una idea a la cabeza. Abrí los ojos, leí en mi mano la borrosa sombra del "tempus fugit" que me había escrito en un momento de aburrimiento de alguna hora de economía, y esa idea, se voló. Así, sin más, desapareció de mi mente. Y no la pude volver a recuperar.
En inglés, también, se me había ocurrido una historia sobre la cual escribir, con introducción, nudo y desenlace, casi como cuando nos hacían analizar textos en sexto grado. Pero, así como la nombrada anteriormente, se me esfumó. Además, me había prometido anortarme la idea para que no ocurriera esto, y también me olvidé.
Ultimamente me siento más dispersa, me distraen mis pensamientos. Generalmente me cuelgo inventando historias, repasando momentos vividos o por vivir, en fin, nunca pisando la tierra, y menos el presente. Ay, me estoy cansando de no poder concentrarme, ni de poder seguir un órden, algún proyecto, o de hacer algo que no me guste.
Ayer en la cena mi mamá, recordando viejos tiempos, nos contó a mi hermana y a mí que yo era muy malcriada. Era, pf, ojalá. Bueno, que lloraba desesperadamente cuando me decían que no, que siempre se tenía que hacer lo que la única princesita decía. Por lo menos hasta los cinco años, edad en la cual se me transformó el trono en una silla de madera. Qué silla de madera, en una reposera oxidada. Había llegado Aldana, y con ella, el fin de mi reinado. Pasé de ser la única en el mundo a ser una más (o una menos) y eso, yo creo, es algo que nunca le pude perdonar a mis papás. No conscientemente, pero en lo más profundo de mi ser siempre me lastimó haber sido trasladada del primer al segundo puesto. De ahí mi personalidad caprichosa y egoísta: siempre peleando por ser la más, la mejor,
18/05/10, 18:47

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