qué raro que no tenga nombre
Sin embargo, la única prenda de vestir con la que me siento absolutamente cómoda es una sucia y vieja camisa que suelo utilizar cuando pinto para no mancharme la ropa que llevo debajo. Es más, si se rasgara o la perdiera, no me importaría en lo más mínimo. No me afectaría su ausencia. Ni siquiera la compré o me la compraron mis viejos, la encontré abandonada en un armario. No es mía ni tampoco pretendo que lo sea, por más que tenga mis marcas por toda su extensión. Simplemente es un pedazo de tela con botones, manchada de mucha pintura y carbonilla. Nada más que un objeto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario