A veces se me hace tan difícil encontrarme en algún lugar. Hace ya bastante tiempo que ando a zancadas por la vida, sin entender mucho en realidad. Todos mis dolores y mis sueños, que tanto tienen en común, se me presentan de vez en cuando para recordarme, una vez más, que nada hice, nada hago, y que nada soy.
Se me escapa el tiempo entre los dedos, como si fuese arena, se va y se desparrama, y queda ahí, sin haber tomado ninguna forma, sin haberse moldeado en alguna idea, en algún futuro, o en alguna base en la cual ponerme en pie.
Veo como una sucesión de imágenes mi vida entera, oscura y en vano, pasar ante mis ojos. Me considero a mi misma un ser sin necesidad de nada, ya que nada se me hizo tan fácil en la vida como rechazar todo lo que mi persona merecía para encontrar tranquilidad y poder descansar al fin.
De mis acciones, agresivas, espasmódicas, gesticulantes de más, no se rescata nada. Fruto de nada soy, ni fruto dejé plantado en ningún lado, más que unos cuantos recuerdos feos de haber pasado por mi lado, de haber experimentado un pedacito de mi.
Siento que a cada paso achato la tierra para que nada vuelva a crecer en ella ya. Torbellino de emociones fuertes que no sabe cómo controlar ni a dónde llevar toda la angustia envuelta en cristal que guarda dentro de sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario