Perdés toda tu estabilidad en cosas mínimas. Gastás y gastás energía en mejorar algo que, para mi, ya es perfecto. Mirá cuántas veces castigaste tu poca estima con palabras que están bastante lejos de la realidad.
Ya dejaste muy en claro que el mundo es demasiado, que no es fácil convivir con vos misma dentro de tu cabeza. Yo sé lo que es pensar que siempre estás por debajo de lo aceptable, que nunca vas a ser lo suficiente, ni por asomo, para las cosas que en realidad si estas capacitada.
Me impresiona lo difícil que es para vos aceptar y considerarlo como algo natural que la gente pueda quererte. Todavía no lo asimilás, no podés creer que seas lo suficiente como para que alguien te guarde en su corazón. Te sorprendés cada vez que te tienen en cuenta, que te llaman por tu nombre, o incluso, cuando te abrazan. Pero si seguís rechazando así la idea de que el amor también te incluye; mientras sigas guardando tus sentimientos por temor a salir herida, terminarás provocando eso mismo que tratás de evitar.
Cómo me gustaría, amiga, que pudieras mirarte con otros ojos. Ojalá pudieras dejar de juzgarte tanto. Ojalá pudieras valorar y agradecer la suerte que tenés de ser tan especial y maravillosa. Te ordené y te voy a ordenar siempre que me escuches a mi y no al espejo que tanto te miente. Sos inteligente y graciosa, sos sincera y te preocupás mucho porque los demás sean felices. Decime qué es lo tan espantoso que creés llevar dentro como para no quererte. Decime cuáles son los defectos que agigantás. Decime por qué, amiga, te desvalorizás tanto cuando en realidad, sos más de lo que alguna vez soñaste ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario