Pareciera que no me molestase la muerte y la vida me enfureciese a cada minuto. No soporto el ir y venir diario de la rutina, o el levantarse, el tomar decisiones, el estar sin estar y el ser sin ser nada, flotando sin nada. Me aburre no encontrar nada que me mueva el estómago, que me haga sentir en mi casa, que responda por fin a mi necesidad de dejar de sentir peligro en todos lados, no de muerte, sino de que pueda llegar a pasar algo que me haga perder el tironeo constante en el que me llevo a cabo como persona.
Creo que vivo no por el miedo a la muerte, NI por el anhelo de vivir, sino por el simple hecho de estar jugando constantemente a ganar o perder orgullo conmigo misma, que qué tan bien me salió esto, hasta dónde puedo llegar con aquello, a ver cuánto avancé o retrodecí y echarme en cara las cosas que hice mal para seguir apostando y seguirme tirando la existencia al hombro, empobreciéndola, gastándola sin disfrutarla realmente.
No sé si alguna vez fui feliz, o si en serio estuve deprimida, o qué es lo que siento. No siento nada, porque la tristeza de hoy es mi risa de mañana, y así sucesivamente, porque nada importa, o nada me importa a mí, más que seguir inventando razones y contradicciones, y dolores, desamores y alegrías para condimentar un poquito más mi aburrida existencia, insulsa, insípida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario