No sé, no me odio, o por lo menos no la mayoría del tiempo, por más que diga lo contrario. Siempre fui mentirosa para conmigo y para los demás con respecto a mi. No me conocía, y ahora que lo estoy empezando a hacer, me defraudo seguido. Me doy la oportunidad de equivocarme, claro está, pero me decepciona que todo aquello que creía de mi resultó ser erróneo. Me tenía en un altar, como una persona a seguir, un claro ejemplo de la sinceridad y los valores. Teniendo ésto cómo base, nunca iba a poder entender por qué, la mayoría del tiempo, las situaciones no respondían como pensaba que lo iban a hacer.
Intento reírme de todo lo que me está sucediendo, asumir mis faltas y educarme poco a poco, muy lento, como debe ser. Debería aprender a no intentar hacer que todos vayan a mi ritmo en la vida, soy una persona muy acelerada e impulsiva, y el reloj me pesa bastante sobre los hombros. El miedo de desgastarme, de perder el tiempo me persigue a todas partes. Es más, intento adelantar situaciones como si eso funcionara en el mundo real.
Me duele que me cueste tanto dejar atrás mi estupidez latente y convertirme en una persona íntegra, sincera, con conciencia de que existe gente viviendo alrededor de uno mismo. Me duele, también, mantener el pensamiento contradictorio de creerme capaz y a la vez no tenerme fe. Cuando veo resultados positivos, me llena de alegría, porque quiere decir que me equivoqué, que, en realidad, sí pude. Cuando veo resultados negativos, me enojo, o atribuyo mis errores a cosas ajenas. Es así que me inventé un alter ego para descargar sobre él mis malas reacciones. Se llama diem, y representa todo aquello que quiero dejar de ser.
1 comentario:
No hay nada que de más vergüenza a uno que uno mismo en el pasado. A veces me acuerdo de situaciones en las que fui un IDIOTA y puteo en voz alta, lo peor es que a veces lo hago rodeado de gente y me miran raro.
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