Siento, una vez más, cómo una lágrima imprecisa va recorriendo mi mejilla hasta llegar a mi boca. Su gusto tan salado me recuerda a otra épocas, aquellas lejanas en las cuales mi sonrisa no era fácil y mi cabeza un nido enmarañado de problemas.
Está bien que me esperes, y está bien que no lo hagas. Está bien tu rutina, está bien tu manera, están bien tus palabras. Está bien que no entiendas.
Es que ya no sé que pensar.
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