Y miras como tus manos actúan bajo un poder ajeno -¿Cuál es la verdad y cuál la mentira?-
Decides mirar por la ventana y dejar que la lluvia te enseñe y te cure, -¿Cómo es que lo sé y lo entiendo, y cuando quiero llevarlo a la práctica creo algo diferente?- Agarras tu cabeza como si eso funcionara para hacer callar las voces que te recuerdan enojadas lo hipócrita que eres. Eres como aquella vez que prometiste no volver a caer en tus propias trampas. Sin embargo, fuiste lo suficientemente inteligente como para volver a engañarte a ti mismo.
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